Mi yo real, hoy
No estoy tarde. Estoy empezando.
Ayer llegué a entender algo incómodo, medio doloroso, pero muy necesario y muy real:
estaba queriendo correr antes de gatear.
Y aceptar quién soy hoy —tal cual estoy hoy—, aceptarlo sin excusas, abrazarlo y expresarlo, se sintió como quitarme un peso del pecho.
Doy gracias por eso.
Hoy mi enfoque es este, así de claro y sin vueltas:
esto es lo que he aprendido hasta hoy,
este es el lugar exacto en el que estoy parado hoy,
y este es el rumbo hacia donde quiero ir.
Sin fantasía.
Sin adornos.
Sin presión de tener todo resuelto.
Hoy mi prioridad es trabajo.
Estabilidad.
Ingresos.
Una plataforma que me sostenga y me permita crecer.
Un lugar donde pueda aportar valor de verdad, crecer profesionalmente, independizarme poco a poco y empezar a construir mi vida adulta con los pies en la tierra.
A mi ritmo.
Sin compararme.
Viendo mi propio carril.
Porque así es.
Crudo. Honesto.
No tengo que tener todo resuelto.
No tengo que tener todo perfectamente alineado con mi propósito, mis sueños o mi “misión de vida”.
La neta, así no creo que funcione la vida.
Hoy no busco la vida ideal.
Busco lo que me da paz hoy.
Lo que necesito hoy.
Lo que se siente real hoy.
¿Y qué me llama hoy?
Un trabajo en un entorno global.
Siempre he vivido en Hermosillo.
Y durante mucho tiempo pensé —bien iluso— que el trabajo, una vez que me graduara… o incluso antes, iba a llegar rápido, en bandeja de plata, bien pagado, alineado con lo que me gustaba, y listo: tan tan, automático.
Spoiler: no fue así.
Hoy parece obvio, pero me costó tiempo, frustración y varios golpes entenderlo.
No fue así para nada.
Desde entonces he aspirado a algo muy concreto: trabajar en una empresa con buena cultura laboral, un sueldo competitivo, beneficios, retos reales y una comunidad bonita. Algo que se pareciera a esa sensación de pertenencia que viví en la universidad.
Por un tiempo, esa aspiración se apagó.
Ese sueño, ese anhelo, quedó ahí guardado, medio empolvado.
Mis últimos dos trabajos han sido parte de empezar mi carrera en marketing desde cero.
Y pues sí… así es en la mayoría de los escenarios.
Empiezas desde cero.
Y si tienes la oportunidad de no hacerlo, aprovecha.
Pero si no, hazlo con intención y sin vergüenza.
Los hábitos me cambiaron la manera de ver el mundo, de comportarme y de enfrentar el mundo laboral y sus oportunidades.
Hoy ya no busco solo “un trabajo”.
Busco una plataforma.
Una que signifique el inicio de una nueva aventura.
Una que me permita retomar ese primer sueño que tuve al graduarme.
Apenas cumplo tres años de haber egresado.
Apenas.
Tengo 25 años.
Veinticinco.
Y a veces me cacho mortificándome como si tuviera 45 y ya se me hubiera ido el tren…
cuando en realidad apenas estamos calentando.
Esto apenas empieza.
(Qué mamón, la neta. Yo estresándome y apenas tengo 25.
25 AÑOS, cabrón.
JP, estás bien morrito, no la chingues.)
¿A quién queremos alcanzar?
¿A quién queremos parecernos?
¿Con base en qué reloj?
Cada quien va en su propio carril.
En su propio camino.
A sus tiempos.
A su ritmo.
Estés viviendo lo que estés viviendo, al ritmo que lo estés viviendo, está bien.
Estás viviendo para ti primero.
Te estás conociendo.
Estás experimentando.
Estás descubriendo.
Estás empezaaaaaando, kid.
Al final del día, un veinteañero sigue siendo eso:
un adulto en sus primeros años de vida.
Vi una vez una frase que me acomodó todo:
una persona de 22 años es un adulto de 2 años.
Una de 25, un adulto de 5 años.
Una de 30, un adulto de 10 años.
Y no mames… sí.
Así me gusta verlo.
Está bien no tener todas las respuestas.
Está bien no aparentar que sabes todo.
¿Quién chingados lo sabe, la verdad?
Todos estamos viviendo por primera vez.
Buscando nuestro camino.
Tratando de dar lo mejor que tenemos, a veces sí, a veces no, pero deep down… eso queremos.
Cuando me pongo duro conmigo mismo, recuerdo esto y me doy misericordia:
solo soy un adulto de cinco años… casi seis.
Ahí la llevas, mi kid.
Vas bien.
Te amo.
Disfruta.
Ríete.
No te lo tomes tan serio.
Vuelve a tu esencia:
ligera y profunda,
simple y sencilla,
humilde y suave,
pacífica y amorosa,
juguetona y curiosa.
Sí.
Ahí es.
That’s the spot.
Hoy estoy enfocado en mi búsqueda activa de mi siguiente oportunidad laboral.
Una que me permita sostener estabilidad financiera, profesional y personal.
No busco el trabajo ideal —porque casi nunca existe—.
Busco algo good enough
pero alineado hacia donde me vea en 5 años:
algo que me permita crecer, que me emocione, que sostenga mis gastos y que me dé la base para comenzar mi siguiente travesía en este adulting con intención y propósito.
Mi enfoque para esta temporada (los próximos tres meses) es claro:
Prioridad 1: mi siguiente trabajo en marketing en CDMX, o lo que Dios tenga planeado para mí. Who knows? That´s exciting.
Prioridad 2: mis rutinas y autocuidado, pero tranquilon, sin agobio ni hiperexigencia: gym, sueño, alimentación, misa.
Prioridad 3: escribir una nueva entrada semanal de Tus Veintes; y ser constante.
Todo mientras intentamos estar realmente presentes con nosotros mismos, Dios y nuestra red de apoyo. Por qué sin ello, nada de esto vale la pena ni se disfruta ;)
Confirmo algo importante:
compartir mi camino en tiempo “real” es la mejor manera de aprender, procesar y sostenerme.
Primero para mí.
Y si a alguien más le sirve, qué regalo.
Escribo por pasión.
Y si a alguien le llega y se identifica, que así sea.
Un abrazo fuerte.
Nos leemos en la próxima entrada.
—
– JP


